Juca vendía frutas en el mercado Municipal de la ciudad de São Paulo, era amante de la ópera y esperaba, pacientemente, a Ana, de quien estaba enamorado. Ana amaba a Marcelo, a quién entregó veinte años de su vida y tres hijos. Marcelo, a su vez, era casado con Francesca, una de las ricas y poderosas hermanas Ferreto.
Ana, merecidamente, esperaba por el casamiento siempre prometido. Juca esperaba que Ana se olvidara de Marcelo y Marcelo, que, poco a poco, iba robando el dinero de los Ferreto, esperaba que todo quedara como estaba. Al otro lado de la grande ciudad, Helena, la joven esposa de Helio, se sentía orgullosa de Irene, la hija que estudiaba leyes, se preocupaba por Lucas, el hijo toxicómano, y se arrepentía profundamente de haberse casado con un hombre bastante mayor que ella, bruto y mujeriego.
Francesca y Helio, que, aparentemente, ni se conocían, son envenenados en pleno aeropuerto, mientras esperaban un viaje al extranjero. La asesina podría haber sido Ana, que quería a Marcelo viudo. Pero, ¿ por qué Ana mataría a Helio, a quien ni siquiera conocía? ¿Acaso? La asesina podría haber sido Helena, que no aguantaba más a Helio.
Pero, ¿por qué matar a Francesca? ¿Acaso? ¿Podría ser Juca? “Marcelo es el sospechoso número uno. Con el canalla preso, Ana queda libre para mí.”